A mi familia destinada, Les quiero.

Un día gris, música ambiente agradable, una terraza en buena compañía, un libro, un blog, familia que elegimos, y todo se ordena por un instante…

Conversaciones hasta tarde, lágrimas pre-risas, luego las sonrisas entre abrazos cálidos. 
Todo cobra sentido.

Miradas complementarias, sentimientos compartidos, dudas sobre la existencia de emociones en nuestro interior…

Después de un gran verano, mucho sol, playa, locuras. 
Lecturas al horóscopo negro donde parece que nuestras vidas están escritas por alguien que no conocemos, y sin saber nosotros nada acerca de nuestro futuro. 

Un destino incierto con muchas inseguridades, pero aquí estamos; apoyándonos en hombros de desconocidos que de pronto se convirtieron en familia.

Ha pasado una cuarentena, muchas tapabocas y pocas bocas tapadas, donde respirar cuesta y el hablar no se entiende, donde muchos se han sumergido en locuras y otros acompañan, y ayudan. 
Y de la nada, humanidad. 

Donde un mundo triste y egocéntrico, aprende a saber querer y dar sin recibir.
Donde las manos se escondían tras guantes, se limpiaban con gel, y aún así habían manos tendidas dispuestas a ayudar. 

Parece que todo mejora, y nada cambia hasta que uno no está dispuesto a abrirse. 
Aprendemos que nunca se sabe lo que va a pasar, que la vida consiste en constantes cambios. 

Nos abrimos a un mundo incierto donde te das cuenta que en un año te confinan de repente, te limitan tu libertad y en otro conoces personas que de la nada te aportan seguridad. 

El mundo se vuelve poco a poco a su lugar, o mejor aún, avanza a ser un mundo mejor. 

Capaz de concederte después de un año lleno de emociones, altibajos, tras un verano maravilloso, con toda la libertad perdida recuperada en cuestión de meses, donde el alcohol ya no va en las manos sino directos al hígado, donde el dolor no es causado por estar encerrado sino de las tripas de tanto reír de tanta libertad repentina. 
Capaz de tanto sol, tanta vida, otorgar un ratito como hoy, para brindarte un saber estar sin necesidad de tanto ruido.

Aprender que el silencio entre tanta tormenta, es signo de paz.
Que unos pocos buenos amigos superan a todas aquellas personas que te rodean a diario.
Que la vida es inesperada y bonita.
Que la gente es maravillosa y que ya no hay que pensar tanto, sólo es cuestión de sentir, de vivir.

Respirar un ratito, y continuar dejando que la vida nos sorprenda un poquito más…

-PieldeTormenta©️

Comentarios